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Cuánto cuesta una web en Donostia y de qué depende el precio

De qué depende el precio de una web, lo que se paga cada año y los casos en los que no te hace falta una. Sin letra pequeña.

Gafas listas para trabajar en una pantalla de laptop
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Lo primero que me preguntan por teléfono es el precio. Siempre.

Y la respuesta honesta es «depende». Depende de verdad: no es lo mismo una web de cuatro páginas para un taller que una con reservas para una pensión en la Parte Vieja. Pero «depende» no te sirve de nada cuando lo que quieres saber es si esto entra en el presupuesto de este año o no.

Así que te explico de qué depende.

En este post tienes los tres tipos de web que hago y para quién es cada uno, la pregunta que decide cuánto pagas después, lo que vas a pagar todos los años, por qué una web cuesta el triple que otra, y —esto no lo verás en muchas webs de diseño— los casos en los que no te hace falta una web y te lo digo yo.

Por qué aquí no hay una tarifa

Porque prefiero darte un presupuesto cerrado antes de empezar que un «desde» que luego no se parece a la factura.

En una primera conversación, que es gratis, te doy una cifra concreta. Lo que sí te puedo contar aquí es qué la mueve.

Tres tipos de web

Web esencial

Para un negocio que hoy no tiene nada, o tiene algo de hace ocho años que le da vergüenza enseñar.

Lo justo: inicio, qué haces, quién eres y cómo contactarte. Formulario y botón de WhatsApp.

Los textos, si los tienes, mejor. Si no, los trabajamos juntos o los escribo yo, y eso va aparte en el presupuesto.

La ficha de Google no entra aquí. Es la mitad de la batalla en un negocio local, y por eso la trabajo dentro del posicionamiento SEO, no como un extra de la web.

Tres o cuatro semanas desde que tengo los contenidos.

A quién le sirve: fontaneros, electricistas, talleres, autónomos que trabajan por recomendación y necesitan algo decente a lo que enviar a la gente.

Web de servicios

Para cuando quieres que te encuentren buscando lo que haces, no solo buscando tu nombre.

La diferencia no es que tenga más páginas por tener más. Es que lleva una página por servicio. Si eres fisioterapeuta, una de suelo pélvico, otra de deportiva, otra de punción seca. Esas páginas son las que aparecen cuando alguien busca su problema concreto, y es imposible conseguirlo con una sola página de «servicios» con una lista.

Si apareces cuando te buscan por tu nombre pero no por tu servicio, casi siempre es esto.

La estructura va pensada desde el primer día para que Google te encuentre por servicio y por zona. No es un plugin instalado al final.

Tres o cuatro semanas desde que tengo los contenidos.

A quién le sirve: clínicas, asesorías, despachos, inmobiliarias. Cualquiera que venda varios servicios distintos a precios distintos.

A medida

Cuando la web tiene que hacer algo, no solo contar algo.

Reservas con disponibilidad real. Catálogo. Una zona donde tus clientes entran con su clave. Conexión con el programa que ya usas en el negocio. Tienda online.

Aquí el precio depende tanto del caso que dar una horquilla sería mentir. Y el plazo también: puede llevar varios meses.

A quién le sirve: hostelería con reservas, alojamientos, comercio que quiere vender online en serio, negocios con un proceso interno que la web tiene que respetar.

Cómo trabajo cada proyecto, con más detalle, en la página de diseño web.

Con panel o sin panel

Hay una pregunta que pesa más en lo que pagas después que el número de páginas: ¿quién va a cambiar el contenido?

Según la respuesta, te hago una de estas dos. Ninguna es la buena. Son para negocios distintos.

Con panel. Entras con tu usuario y cambias tú los textos, las fotos, los precios. Te dejo formado para que no dependas de mí para lo básico. Es la tuya si vas a publicar de verdad, si tienes a alguien en el negocio que la va a tocar, o si necesitas tienda online o un sistema de reservas concreto.

Sin panel. Los cambios los hago yo, y están dentro del mantenimiento. Es la tuya si cambias el contenido dos o tres veces al año y no vas a entrar nunca a un panel. Carga más rápido y cuesta menos tenerla funcionando.

La pega de la sin panel, dicha claro: para cambiar cualquier cosa dependes de mí. Si más adelante quieres hacerlo tú, se le puede añadir un gestor de contenidos. Tiene un coste adicional.

Y una cosa que conviene saber: la sin panel no es más barata de hacer. Lo que cambia es lo que pagas después.

Lo que se paga todos los años (y no siempre te cuentan en la primera reunión)

Esta es la parte que genera más enfados y la que casi nadie pone por escrito antes de firmar. Una web no es un pago único. Tiene gastos que siguen ahí el año que viene.

El dominio: 12 a 15 € al año. Tu .es o tu .com. Esto es barato y no tiene truco. Lo único importante: que esté a tu nombre, no al de quien te hizo la web. Si algún día te cambias de proveedor y el dominio no es tuyo, tienes un problema caro.

El alojamiento: aquí sí hay una diferencia grande. Una web con panel necesita un servidor que esté encendido, actualizado y vigilado. Eso son entre 10 y 25 € al mes, según lo bien que lo quieras.

La sin panel no necesita nada de eso. Las páginas se construyen una vez y se sirven ya hechas, por eso carga más rápido. Y por eso el alojamiento es gratis los dos primeros años.

Va a tu nombre, como el dominio. A partir del tercer año lo pagas tú, a precio de mercado.

No es magia ni es más barato porque sea peor. Es que no estás pagando un servidor trabajando a todas horas para enseñar las mismas cuatro páginas.

El mantenimiento: tarifa mensual fija, según tu caso. Copias de seguridad, actualizaciones, vigilar que la web sigue en pie y que los formularios siguen llegando, revisar la velocidad cada mes, cambios pequeños. En el mercado esto se cobra entre 50 y 150 € al mes.

La con panel cuesta más de mantener: tiene más piezas que actualizar y vigilar. El dominio y el alojamiento van aparte de la cuota.

Si alguien te dice que no hay costes recurrentes, pregúntale quién paga el servidor.

Lo que entra y lo que no entra en el mantenimiento, aquí.

Por qué una web cuesta el triple que otra

Si estás comparando dos presupuestos y no entiendes la diferencia, mira estas cuatro cosas. Son las que mueven el precio de verdad.

No es el número de páginas

Es la primera cosa que mira todo el mundo y es la que menos importa. Duplicar una página y cambiarle el texto es media hora. Diez páginas que son todas iguales no cuestan mucho más que cinco.

Lo que cuesta es que cada página tenga que ser distinta, decir algo propio y estar pensada para alguien concreto.

Los textos y las fotos

Esto es lo que más presupuestos descuadra, y pasa siempre igual.

Firmas la web, empezamos, y cuando llega el momento de los contenidos resulta que no hay textos, y las fotos son cinco del móvil con mala luz. El proyecto se para tres semanas. O los escribo yo, y eso es trabajo que no estaba contado.

Un consejo que no me beneficia: si tienes fotos buenas y cuatro párrafos escritos antes de pedir presupuestos, cualquier presupuesto que recibas va a ser más barato. Vale la pena una sesión de fotos profesional antes que pagarle a alguien por escribir sobre tu negocio con menos información que tú.

Si no sabes por dónde empezar con las fotos, te oriento sobre qué banco de imágenes o qué sesión te conviene según tu presupuesto.

Dos idiomas

Aquí, bastante más común que en otros sitios. Euskera y castellano no es «traducir»: es el doble de páginas, el doble de textos que mantener actualizados y un trabajo técnico para que Google entienda que son la misma web en dos idiomas y no dos webs compitiendo entre ellas.

De la traducción me encargo yo, y se nota en el presupuesto. Y piénsalo antes, no después: montarlo desde el principio es mucho más barato que añadirlo a una web ya hecha.

Si hay que reservar, comprar o entrar

El salto grande de precio está aquí. Una web que informa es una cosa. Una web donde alguien introduce una fecha, ve disponibilidad real, paga y recibe una confirmación es otra, y la diferencia no es de grado.

Si tu negocio necesita eso, no busques el presupuesto más bajo. Busca a alguien que te pregunte por tu proceso antes de darte un número.

Cuándo NO necesitas una web

Me va a costar algún proyecto decir esto, pero prefiero decirlo.

Si vives de la recomendación y tu agenda está llena. Un fontanero con veinte años de clientela en Amara que no da abasto no necesita una web para conseguir trabajo. Le vendría bien tener algo, sí, pero no es su problema de este año. Su problema puede ser que no tiene a quién pasarle el exceso.

Si todavía no sabes qué vendes. Si llevas cuatro meses y estás probando tres servicios distintos a ver cuál funciona, una web te va a congelar una decisión que aún no has tomado. Espera. Mientras tanto, ficha de Google bien puesta y un número de teléfono que alguien conteste.

Si lo que necesitas de verdad es arreglar la ficha. Esto pasa más de lo que parece. Me escriben pidiendo una web y al mirarlo resulta que la ficha de Google tiene los horarios mal, el área de servicio sin configurar y cuatro reseñas sin contestar. Arreglar eso cuesta una tarde y mueve más el teléfono que una web nueva.

Si crees que estás en este tercer caso, lo que hay que revisar en la ficha lo escribí aquí. Hazlo tú, es gratis.

Dónde sí deja de ser opcional: cuando necesitas que te encuentre gente que no te conoce, cuando vendes algo que hay que explicar antes de que te llamen, o cuando tu competencia aparece y tú no.

¿Y si la hago con IA o con una plantilla?

Pregunta justa, y la respuesta no es la que esperas de alguien que vive de esto.

Para una web de tres páginas que dice quién eres, qué haces y cómo contactarte, una plantilla decente o una herramienta de las nuevas te va a dar algo presentable en un fin de semana. Si tu presupuesto es de 300 €, es mejor eso que nada, y te lo digo sin ironía.

Dónde se te va a complicar, por orden de probabilidad:

El texto suena a cualquiera. Las herramientas escriben bien y escriben genérico. «Ofrecemos soluciones integrales adaptadas a cada cliente» lo puede firmar tu competencia sin cambiar una coma. Lo que hace que alguien te llame a ti es lo concreto: que atiendes urgencias hasta las once, que trabajas con una marca determinada, que la primera visita es gratis en tres barrios y en los demás no.

Pesa mucho y carga despacio. Las plantillas vienen cargadas de cosas que no usas. En móvil y con datos, eso se nota, y lo nota más tu cliente que tú, que la abres siempre desde el wifi de la oficina.

El segundo año. Hay que cambiar un precio y no sabes dónde está. Hay que añadir un servicio y rompe el diseño. Quieres cambiar de proveedor y resulta que la web no sale de ahí. Eso no se ve el primer día.

Mi criterio, dicho sin interés: si la web es un folleto, hazla con plantilla y ponle buenas fotos. Si la web tiene que traerte clientes que no te conocen, entonces es una inversión y tiene sentido pagarla.

Lo que pregunto antes de dar un precio

Si me escribes, te voy a preguntar esto. Te lo dejo aquí para que vayas pensándolo —y para que se lo puedas contestar a cualquiera, no solo a mí.

  1. ¿Qué tienes ahora? Web vieja, solo Instagram, solo ficha de Google, nada.
  2. ¿Cuántos servicios distintos vendes, y se contratan por separado?
  3. ¿Tienes textos y fotos, o hay que hacerlos?
  4. ¿Hace falta euskera?
  5. ¿Alguien tiene que reservar, pagar o entrar con una clave?
  6. ¿Para cuándo lo necesitas de verdad?

Con esas seis respuestas se puede dar un precio cerrado. Sin ellas, cualquier número que te den es inventado.

Y los precios del mercado, para que compares

Para que tengas una referencia de lo que se cobra en España en general. Estas son horquillas publicadas, sin IVA y sin costes recurrentes:

Tipo de webEspaña, 2026
Una página o landing300 – 1.500 €
Web corporativa de 4 a 8 páginas800 – 2.500 €
Corporativa completa con blog2.000 – 6.000 €
Tienda onlinedesde 1.500 €
Desarrollo a medidadesde 15.000 €
Mantenimiento50 – 150 €/mes

Dos cosas sobre esta tabla.

La primera: el extremo de abajo de cada horquilla casi nunca existe de verdad. Un «desde 300 €» suele ser una plantilla con tu logo encima.

La segunda: Donostia no es la media española. Aquí los precios están por encima, igual que los alquileres. Si te llega un presupuesto muy por debajo de estas cifras, no es que hayas encontrado un chollo: es que algo no está dentro. Pregunta qué.

En resumen

Una web que te represente, una que te traiga clientes buscando lo que haces, o una que además haga cosas. Con panel si la vas a tocar tú, sin panel si prefieres que la toque yo. Y cada año, dominio, alojamiento y mantenimiento para mantenerla viva.

La cifra concreta te la doy en una primera conversación, gratis y con presupuesto cerrado.

Y si después de leer esto crees que tu problema no es la web, dímelo también. Es una conversación de veinte minutos y a veces se resuelve ahí.

Escríbeme y lo vemos.

Preguntas frecuentes

¿El precio incluye el IVA? No. Todas las cifras de este post son sin IVA. Súmale el 21 %.

¿Se puede pagar a plazos? Sí. Lo habitual es un 50 % al empezar y el resto al final del proyecto.

¿Cuánto tarda? Tres o cuatro semanas desde que tengo los contenidos. Con tienda online o funciones a medida, puede llevar varios meses. El retraso casi nunca es técnico: es esperar los textos y las fotos.

¿La web es mía? Sí, y el dominio y el alojamiento también. Te los dejo a tu nombre desde el primer día. Si mañana te quieres ir con otro, te llevas todo.

¿Qué pasa si quiero cambiar cosas yo mismo? Depende de cuál elijas. Con panel, sí: te dejo formado para cambiar textos e imágenes. Sin panel, los cambios los hago yo dentro del mantenimiento; si quieres hacerlos tú, se le añade un gestor de contenidos, con coste adicional. Dilo antes de empezar, porque cambia cómo se construye.

¿Haces solo webs o también te encargas de que me encuentren? Las dos cosas, y suelen ir juntas. Una web que nadie encuentra es un folleto caro. El trabajo de posicionamiento está aquí.

Alessandro Giuzio

Alessandro Giuzio

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